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venancio Shinki

Tú podrás preguntarme: ¿alguna vez has encontrado tu gran obra? Yo jamás voy a decir: “Ésta es mi gran obra”. No puedo decir eso. Algunos colegas sí se jactan: “Ésta es mi obraza”. Yo no soy capaz de eso, creo que voy a morir porfiando, intentando hacer lo que se llama –sin ponerle intención de pedantería– la gran pintura de Shinki, lo máximo en lo mío. Yo sigo trabajando, ya llevo más de 50 años pintando. No sé si lo lograré, pero lo lindo es que todavía tengo vida para seguir intentando hacer algo realmente bueno. Venancio Shinki  Entrevista: Enrique Higa, para International Press.

Creo que este pensamiento resume un poco la manera como Shinki ha venido llevando y desarrollando su carrera artística hasta el día de hoy, como él dice también: “La carrera de un artista es una actitud ante la vida, como el sacerdocio. Hay que tomarlo con entereza, con valentía, con esa dosis de la que te hablo de egoísmo, defendiendo lo que haces. Normalmente cuando estoy bien, yo no tengo domingos. Cuando me dicen: “Mañana es feriado”. ¿Feriado? ¿Qué cosa? Me llama la atención que haya feriados, que es día de descanso. No, no, para mí no existe feriado, es un día más que Dios nos ha dado. Hay que trabajar. Punto”.

Cuando Shinki egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1962 lo hizo como un pintor expresionista abstracto. Me quisiera detener un poco en este punto para poder definir mediante una anécdota que tuvo con el pintor expresionista Víctor Humareda sobre que es lo abstracto.

Él [Victor Humareda] me insultó un día; yo ya había egresado como pintor abstracto y él dijo que la abstracción para lo único que servía era para decorar corbatas. Yo no le dije nada, pero yo estaba un día en la Escuela, los rayos iluminaban las flores del patio, de repente lo veo al Cholo. Le digo “ven acá” y se acerca, refunfuñando, y yo le digo, con lisuras y todo naturalmente: “Oye Cholo…. ¿ves esas flores blancas cómo están iluminadas por el sol? ¿No te parece hermoso?” y él me dijo “Sí”. Le dije “Bueno, ¿sabes lo que es la abstracción? Es el toque de esas luces sobre la naturaleza, ese impacto sobre la naturaleza, eso es lo que recoge la abstracción. No se trata de dibujar cómo reciben la luz todas las flores, sino solamente el impacto: eso es la abstracción. ¿Entiendes?”. A regañadientes me dijo [murmurando] “No sé, no sé”.

Shinki representó al Perú en la VII Bienal de Sao Paulo en el año 1963, fue desde allí donde comenzó a interrogarse sobre el estilo de sus pinturas debido a que casi en un 85% o 90% de todos los participantes estaban dentro del expresionismo abstracto, lo que le generó un gran deseo de diferenciarse y la búsqueda por un estilo propio. Es por esto que viajó enseguida a los EE UU donde sufre nuevamente otra decepción. Él le consultó a un amigo: “¿quién es el artista joven más prestigioso que hay dentro de los Estados Unidos?” y él le dijo “Justo hoy inauguran una exposición suya, vamos!”. Llegaron, y vio que en la tela, no había nada; sólo un color, ni un punto ni una raya. Uno medio verde, otro anaranjado, otro azul grisáceo, y así… entonces dijo “nos vamos, tú a tu casa, yo a mi hotel por mi cuenta” porque no quería ni tomar el Metro de lo triste que estaba. Pensó “Si esto es el arte, a mí no me interesa la pintura”. Shinki estaba totalmente decepcionado, y caminó muchas cuadras hasta llegar al hotel, y cuando estaba por llegar de repente le vino como una iluminación y se dijo “Pero Venancio, ¡qué bruto que eres! La salida para tu pintura no la vas a encontrar en otro sino dentro de tí mismo”. Eso le salió después de haber caminado horas, y después se dio cuenta de que tenía razón. Regresó al Perú y se recluyó por meses, como dijo: me dediqué a replantear mi pintura dentro del taller y empezaron a salir cosas figurativas. Y seguía buscando y pasaron los años. Me gustó la figuración, y pensé que valía la pena seguir intentándolo por allí. Y así empecé cada vez más a aclarar la vuelta a la figuración, más concretamente. En conclusión podemos decir que Shinki es un artista figurativo en la actualidad.

En el universo onírico de Shinki se presentan personajes, aves, toros, colores (en especial, del color rojo), esculturas grecolatinas, temática andina, recuerdos de su infancia y de elementos cotidianos que esconde bajo olas de color. También nos ofrece interpretaciones sobre sus obras, en las que señala influencias de otros pintores, peruanos y extranjeros, así como de músicos y poetas.

Shinki en la actualidad

En uno de mis anteriores post deje notar mi admiración por el arte japonés y los valiosos aportes que ha entregado la comunidad peruano japonesa al país. Y uno de los más importantes es, sin duda alguna, la aparición de personas quienes en base a su trabajo han llegado a ser personajes importantes que prestigian su colectividad y al país entero.

Si me preguntaran a que artista peruano o mejor dicho a que “Ideante” admiras más; Venancio Shinki sería mi respuesta sin lugar a dudas. Y es que siempre ha sido difícil para mí esta respuesta porque artistas talentosos hay un montón pero “seres humanos” talentosos pocos. Un personaje caracterizado por su humildad, calidad humana, talento y amor por el arte. Para alcanzar esto Shinki ha transitado por un largo camino, muchas veces llenos de obstáculos que sirvieron para poner a prueba el temple de un nikkei que con el correr de los años logró sus objetivos en base a su constancia y esfuerzo muy por el contrario al famoso cliché de que todo artista vive en la bohemia.

Es por esto que este post constará de 2 partes. La primera dedicada a dar a conocer un poco la vida del artista y así poder descubrir al ser humano y en la segunda parte abordaremos básicamente lo concerniente a su producción artística.

Padres de Venancio Shinki y haciendaVenancio Shinki, segundo de la derecha

La vida de Venancio Shinki (Supe 1932 – actualidad) comienza a escribirse antes de su nacimiento. El primer capítulo de esta historia data en 1915 cuando su padre Kizuke arriba al Perú procedente de Hiroshima. Al igual que otros inmigrantes, se asentó en la Hacienda San Nicolás (Supe), distinguida por ser uno de los lugares que acogió a la mayor cantidad de japoneses que llegaron al Perú en calidad de trabajadores contratados debido a la segunda guerra mundial. Años más tarde conoce a Filomena Huamán (peruana) con quien tuvo un hijo al que llamarían Venancio.

Llegada la etapa escolar, se produce el primer alejamiento de sus padres. Venancio fue matriculado en el Colegio Japonés de la hacienda donde se inicia el proceso de socialización con sus compañeros de clase. Desde un inicio, Shinki sintió el rechazo por parte de los demás. No compartía los juegos y sentado en un tronco solamente miraba como los demás se divertían. La razón de semejante rechazo era que a diferencia del resto, Venancio era hijo de un japonés y una peruana. En otras palabras, a temprana edad sintió en carne propia lo que significaba ser discriminado.

Tras lidiar con mil y un contratiempos debido a las consecuencias directas que trajo la guerra, el padre de Shinki vio irremediablemente deteriorada su salud y posteriormente dejó de existir cuando Shinki tenía solo 9 años de edad. En una de las últimas conversaciones que sostuvo con su esposa le pidió que bajo ninguna circunstancia deje de lado la educación de su hijo.

Shinki en sus años mozos

A los 14 años de edad un nuevo obstáculo le sale al frente. Su madre fallece. A partir de este momento se hace cargo del joven un pariente de su madre, Porfirio Tello, quien lo lleva a Huando (hacienda) en donde trabaja y vive por espacio de un año aproximadamente.

Tras su llegada a Lima queda bajo el cuidado del señor Umesaki, dueño de una cadena de estudios fotográficos. Instalado y sabiendo el oficio que haría, Shinki tomó como objetivos el estudio y el aprendizaje de la fotografía. En el primer caso, asistió a la nocturna del Colegio Nuestra Señora de Guadalupe y aprovechaba los viejos faroles que alumbraban la Plaza de Armas para estudiar en un ambiente distendido que esta le proporcionaba.

Shinki en su taller

Tres años y medio después de iniciarse en el mundo de la fotografía, se convierte en un experto de la materia. Y es a través del retoque de fotografías que descubre poco a poco el gusto por la pintura. Decide entonces buscar la Escuela de Bellas Artes a la que consigue ingresar en 1954 luego que aprobara un examen de dibujo. Durante esos años en Bellas Artes, no tardó en demostrar el talento que poseía. El Premio “Sérvulo Gutiérrez”, otorgado por la Escuela Superior de Bellas Artes en 1962 sería el inicio de un impresionante número de premios y menciones recibidas.

Su arte traspasó las fronteras de nuestro país y ha sido mostrado en diferentes partes del mundo, lo cual le ha permitido conocer muchos lugares. Francia, Bélgica, Alemania, Suiza, Egipto, Argentina, Brasil, Estados Unidos, son algunos de los países que ha visitado a lo largo de su vasta carrera. Incluso trabajó más de cinco años para el mercado italiano.

Venancio Shinki continúa en la actividad artística hasta la actualidad y de eso hablaremos en el próximo post, espero que les guste.

Lo que llama mi atención acerca de Banksy no és solo la rebeldía y controversia que desata, sino también lo que hay detrás de ella y creo que es bastante. No creo necesariamente que se trate solo de una obsesión por figurar pese a sus sentidos críticos y detractores como algunos políticos y autoridades, pues sus intervenciones van más allá de sólo querer llamar la atención de la policía. Creo que su proyección insiste en querer llamar la atención de la indiferencia y conformismo que existe en el mundo (aunque personalmente yo no esté de acuerdo con todo), quizas gritar lo que no somos capaces de hacer o cambiar. Tal vez sea Bristol el primer lugar que escuchó su primer grito de batalla el día en que amaneció con uno de sus primeros grafitis.

Según Banksy, cualquier pared o publicidad existente en la plaza pública que te obliga a mirarla, que no te da la oportunidad de escoger o no verla, es tuya. Te pertenece, ya que es parte de tu campo visual y puedes hacer lo que quieras con ella.

El ya harto y convencido Bristol (Inglaterra) decidió darle por fin un espacio con una exposición el 2009 en su museo. Cual hijo pródigo decidió regresar a casa para lanzar la que fue su mayor exposición hasta la fecha. Y como era de esperar en un hombre que mantiene su identidad en secreto, el proyecto estuvo envuelto en un completo misterio: ni los medios, ni los políticos locales, ni siquiera los trabajadores del museo tuvieron noticia del evento, sólo un día antes de la inauguración de la muestra.

Más de 100 obras, incluyendo 70 trabajos inéditos, conformaron esta enigmática exhibición. La BBC consiguió una cita de Banksy, quien declaro:

 “Es la primera muestra en la que el dinero del contribuyente se utiliza para colgar mis pinturas, en lugar de para rasparlas y borrarlas de la pared. Esta exposición es mi visión del futuro”.

Muchas de las obras de Banksy estuvieron ocultas entre las más tradicionales pinturas del museo de Bristol, emulando un truco que el propio artista utilizó el 2003 para infiltrar uno de sus trabajos en la Tate Britain, gallería de arte londinense. El engaño pasó inadvertido durante horas, en las que la obra permaneció orgullosamente colgada en la pared de la prestigiosa galería.

Aquí les dejo un video de lo que fue esa magnífica y controversial exposición.

Jaime Higa Oshiro

Desde pequeña siempre he sentido una fascinación por la cultura japonesa y esto creo yo se lo debo a mi padre, quien es un gran admirador de dicha cultura. Las porcelanas y cuadros de paisajes, escenas o animales japoneses, que hasta ahora conservamos en casa, siempre llamaron mi atención por lo extraño que me parecían cuando niña. Yo siempre preguntaba a mis padres que eran esas figuras y ellos pacientemente respondían a mis miles de preguntas y repreguntas… y repreguntas, pero nunca quedaba satisfecha con sus respuestas, tal vez no les creía o prefería interpretarlo a mi manera. Tuvo que llegar la pubertad para convencerme de sus respuestas y no dejar que mi imaginación volara tanto.

Es por eso que esta vez me animé a escribir sobre uno de nuestros artistas peruanos de ascendencia nipona Jaime Higa Oshiro. La colonia japonesa en el Perú nos está dejando un importante legado artístico de pintores y escultores como Tilsa Tsuchiya, Venancio Shinki y Haroldo Higa. Japón por tradición es un país hacedor de arte, algunos artistas que llaman mi atención son Takashi Murakamio y Yoshitomo Nara entre otros. Me gustaría comentar algo de ellos también pero eso será para posteriores post, no se preocupen.

Jaime Higa Oshiro (1960) es un artista plástico nacido en Lima. Estudió en la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Católica del Perú y en la Escuela Superior de Bellas Artes Corriente Alterna. En su obra interrelaciona elementos iconográficos de origen nikkei con la cultura popular peruana. Mezcla de arte pop, minimalista, contemporáneo y lúdico, sus obras despliegan una visión bastante peculiar, diría yo, que se caracterizan por la transgresión, la alteración de otras imágenes, y la intromisión de la suya propia, reinventado cuadros únicos y utilizando parte de sus aficiones, como el cómic, las películas de terror o el manga japonés. Todo esto forma parte del  imaginario colectivo, y él lo aprovecha al máximo  para crear dentro de este universo diferentes propuestas visuales.

Autoretrato

Higa, no solo se inspira de elementos colectivos, también crea a partir de referentes relacionados directamente con él, en este caso sus mascotas forman parte del círculo personal más cercano, él les rinde homenaje al intervenirlos e incluirlos dentro de sus obras, creando nuevos personajes con ellos y con él mismo, concibiendo una pintura muy bien lograda.

BrunoBruno

Actualmente continúa haciendo gráficas para fanzines underground y revistas de rock. Es también curador de arte. Viene presentando un  recorrido de sus creaciones en diversos formatos en el Centro Cultural de España en Lima, además dirige el espacio “Bruno Gallery“, una plataforma de exposición y venta para prometedores jóvenes artistas. INGRESO LIBRE (calle Francia 565B en Miraflores). Será ocasión para darse una vueltita.

Recuerdo haber visto una imagen a través de un correo masivo que me llegó y llamó poderosamente mi atención; no tanto por el contenido, que ya ni recuerdo de que se trataba, si no por lo chocante y crudo de la imagen, pero en fin, pensé que se trataba de alguien queriendo llamar la atención como tantos. Luego esporádicamente me encontraba con el mismo estilo de imágenes cada vez que pasaba por Quilca (centro de Lima) a comprar libros o en alguna portada de revista anarquista. Decidí investigar.

Al consultar con algunos amigos me di con la sorpresa de que dichas imágenes pertenecían al maestro del grafiti más conocido y desconocido del mundo: Banksy, un  misterioso artista urbano de las calles Inglesas, famoso por sus originales creaciones en su gran mayoría piezas satíricas, “humor negro”, sobre política, cultura pop, moralidad y etnias. Su arte urbano combina escritura con una técnica de estarcido muy distintiva (conocidos generalmente como stencils, en inglés).

La identidad de ‘Banksy‘ es el secreto mejor guardado del arte británico. Se desconoce su nombre real y su edad aunque se cree que se apellida Robert Banks o Robin Banks pero este rumor podría haberse originado a partir de una broma por la similitud fonética entre el nombre “Robin Banks” y “robbing banks” (“robando bancos” en inglés). Generalmente se cree que tiene entre 28 y 35 años aproximadamente y que es un varón blanco, de pelo rubio, alto, que viste ropa típica del grafitero y que nació en Bristol, Inglaterra en 1974.

Banksy es un polémico artista ‘anti-establishment’ querido y odiado en Inglaterra y en ciudades de todo el mundo, donde ha  plasmado sus pintadas. En el 2005, Banksy encontró el lugar más polémico posible para expresarse: la barrera de 680 km que divide la Franja de Gaza. Allí, un día apareció el dibujo de dos niños que juegan con palas en la arena y ven una playa paradisíaca a través de un hoyo. Banksy hizo nueve grafitis de este corte, días antes de que los colonos judíos emprendieran la retirada.

“Me pareció emocionante transformar la estructura más degradante del planeta en la galería más grande del mundo -apuntó en su página web-. Así se fomentan el libre discurso y el mal arte.”

Las obras de Banksy se venden hasta por los 40,000 dólares americanos en circuitos comerciales o en la galería de su agente. En subastas puede llegar a recaudar hasta 1 millón de dólares. Esto le ha llevado a ser acusado de vendido por otros artistas y activistas. Según especialista, “lo más increíble del ‘fenómeno Banksy’ no es su ascenso meteórico ni las importantes sumas que se pagan ya por sus obras, sino el hecho de que el mismo ‘establishment’ al que satiriza le haya acogido entusiasmado”.  Que podemos decir, ironías hay en todos lados.

Fiel a su estilo Banksy nos advierte desde su página web no seguirlo en Facebook o Twitter porque no lo encontrarán. Si pensaban hacerlo claro.

Este artículo es parte de un trabajo que vengo desarrollando sobre artistas gráficos y pintores contemporáneos de diferentes países. También vengo desarrollando un estudio sobre afiches o carteles en Latinoamérica que grafican aspectos políticos, sociales, artísticos y coyunturales, pero eso será para un futuro artículo. En esta oportunidad ensayo las obras del pintor Jesús Ruiz Durand que se expusieron en julio del año pasado en el Centro Cultural Ccori Wasi.

La exposición Artes Digitales y Poética Visual, que se pudo ver en el Centro Cultural Ccori Wasi, es una singular aproximación al universo de algunos de nuestros escritores. Diseñador gráfico, matemático, pintor y músico, Jesús Ruiz Durand, el autor del proyecto, es una de las personalidades más inquietas de nuestra escena artística.

Artes Digitales y Poética Visual no nació como un proyecto de exposición. Ruiz Durand tampoco concibió las obras para que sean colgadas en las paredes de una galería. Las veintiún piezas que conformaron esta muestra son, en realidad, una selección antológica de las ilustraciones –más de quinientas– que el artista ha venido realizando para la revista Martín, publicación que suele entregar ediciones monográficas sobre escritores peruanos. Así, lo que vimos en la sala principal de Ccori Wasi fue, en una mirada inicial, una particular aproximación visual a los climas, el humor y las obsesiones de siete de nuestros más importantes escritores: Martín Adán, César Moro, Washington Delgado, Alfredo Bryce, Carlos German Belli y César Calvo.

Del pop al barroco Una jirafa en llamas; unos felinos grandes que merodean, hambrientos, la ciudad; un cielo denso, a punto de caerse. ¿Cómo no recurrir a un ímpetu abiertamente onírico, de una sensualidad entre fatal y extraterrestre, para aproximarnos a la obra de Moro, por ejemplo? Ruiz Durand dice que él solo intentó “crear espacios visuales inspirados en estos escritores”, aunque es obvio que en esa tarea tuvo también que generar propuestas muy diferenciadas, a veces antagónicas: el tratamiento de historieta para la obra de Bryce –un tratamiento que, curiosamente, parodia las estrategias visuales de Lichtenstein–, frente a la exuberancia de estímulos y la frondosidad barroca para la obra de Calvo, que es, en sus mejores páginas, una puesta al día de las visiones y los mitos del mundo amazónico.

–Cuando uno ve estas piezas no puede dejar de pensar en que la superposición de técnicas, formas y recursos utilizados, de alguna manera remite a un espíritu barroco. Como si usted hubiera realizado este largo viaje desde el pop de sus inicios hasta el barroco…

Yo soy un barroco, necesariamente. Es algo que está en nuestra cultura. Aunque es cierto que también tengo una inclinación por la matemática, que alguna vez me ha empujado hacia un filón más tecno, si se quiere, más cerebral. Pero creo que en estas piezas vibra un temperamento que remite al barroco sencillamente porque me he permitido la absorción de distintos discursos, planos y estilos al interior de una misma pieza. Por otro lado también es cierto que he estado vinculado al arte colonial desde muy niño. De chico fui monaguillo y pasé muchas tardes jugando en la catedral de Huancavelica, mi ciudad natal. Recuerdo con claridad los cuadros de Zurbarán, las casullas bordadas en oro, el órgano inmenso, con fuelle. De modo que desarrollé mi capacidad de juego y de imaginación en ese mundo plenamente barroco.

[Publicado el domingo 15 de julio 2011 en el Suplemento Dominical del diario El Comercio]

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